viernes, 12/02/2010
Archivado en: cine
La sutilidad no es el punto fuerte de esta película. El mensaje ultrarreligioso es tan infantiloide, burdo y simplista que la cinta cae en el ridículo más absoluto en la mayor parte del metraje.
Atención al argumento, que no tiene desperdicio.
Denzel Washington encarna a
Eli, un esquizofrénico violento y homicida, que oye voces y... no, perdón, quería decir un hombre en un futuro postapocalíptico estilo Mad Max, al que Dios le habló y le encomendó la misión de llevar la única biblia que queda en el mundo a un lugar seguro:
"Es difícil de explicar. Parecía venir de dentro de mí. Pero podía escucharla tan claro como a tí. Me guió al lugar donde encontré el libro, enterrado bajo los escombros. Y la voz me dijo que llevara el libro al oeste. Me dijo que encontraría el camino. Me dijo que sería protegido, y que nada ni nadie me detendría."
Y a partir de tan verosímil (?) explicación, los infames
hermanos Hugues dirigen una de tantas películas ambientadas en un futuro postnuclear, en la que no faltan los tópicos habituales que los amantes de serie B agradecemos tanto, y que tanto deben al western, como el apoderado del pueblo y los escasos recursos que tiraniza a los demás, encarnado por
Gary Oldman con su habitual histrionismo,
o los duelos en inferioridad numérica del jinete solitario y de pocas palabras (Eli, el "protegido por Dios"), de los que saldrá victorioso con un mínimo esfuerzo.
También se sugiere de pasada, según cuenta el protagonista en una escena, que la guerra nuclear (es un suponer, dice "tras el flash en el cielo...") tuvo como motivo, precisamente, la Biblia, y que después se encargaron de quemar todos sus ejemplares, fíjate estos ateos que malos son. En fin, la propaganda fanático-religiosa no puede ser más burda.
Por cierto, uno de los esbirros (por llamarlo de alguna manera) del personaje que interpreta Oldman, por cierto, tararea de vez en cuando la melodía de Morricone para la espléndida Once Upon a Time in America, lo que no me queda claro es si pretende ser un guiño a Sergio Leone u otro capricho de los directores.
También merece la pena mencionar al personaje que interpreta
Mila Kunis, nacida y crecida en un mundo desolado, en el que el agua es considerada un lujo por el que matar, y no digamos ya el champú o el jabón, sin haber podido aprender nunca a leer, se diría que por lógica tendría que tener un aspecto embrutecido y semisalvaje, pero aparece toda la película con un look glamouroso propio de una niña adinerada de Beberly Hills. No me quejo de esto. Por estética, son incoherencias que estoy dispuesto a asumir.